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Los Desafíos de la Globalización y la Competitividad en el Área Metropolitana de Santa Cruz
El debate sobre globalización, territorio y competitividad es muy intenso en Sudamérica, sea porque en este subcontinente existen importantes megaciudades o ciudades-región como Sao Paulo, Rio de Janeiro, Buenos Aires y Lima, sea porque bajo el influjo de estas megaciudades está naciendo y se está tejiendo, en el gran vacío del corazón del subcontinente, una red de nuevas áreas metropolitanas que tienden a ocupar los espacios que la colonización española y las repúblicas dejaron vacíos.
 En el marco de la globalización y los ajustes estructurales aplicados a nuestros países, nos preguntamos si para entender lo que sucede en los territorios metropolitanos de esta parte del continente, la competitividad puede ser el paradigma central, como nuevo enfoque económico pero sistémico y por lo tanto integrado con las variables sociales, territoriales e institucionales y que implica competencia abierta al mundo. Que al serlo, nos permita organizar conceptualmente y conocer mejor los complejos procesos socioeconómicos y territoriales que se están dando en las nuevas áreas metropolitanas del Sur, en ciudades como Santa Cruz de la Sierra y su área metropolitana, en Bolivia, para proponer políticas y acciones en el marco de una nueva agenda de Desarrollo Local.
Nos preguntamos, ¿qué puede significar el concepto de competitividad para ciudades, globalizadas sí, pero con un importante peso de actividades netamente locales y aún informales de muy baja productividad, pero que generan un elevado porcentaje del empleo? ¿Qué significa competitividad para un refresquero callejero? ¿Con quién debe competir? ¿Qué sucederá con las pequeñas actividades estrictamente locales y qué hacer para que las mismas alcancen niveles aceptables de competitividad?
La conceptualización de la competitividad tal como se maneja en el caso de las ciudades del Norte, conlleva dudas o reservas sobre la pertinencia respecto a su aplicabilidad "automática" en el caso de áreas metropolitanas de las megaciudades y ciudades intermedias del Sur, en las que la fragmentación, la dualidad y la polarización son los rasgos más dominantes.
El concepto de la competitividad es sin duda válido para aquellos sectores ya globalizados, fruto de políticas nacionales como la capitalización, o de ventajas competitivas locales importantes, como sugiere en los sectores de las telecomunicaciones, la banca, la energía, y la agropecuaria de exportación.
Sin embargo, gran parte de la actividad productiva no está ni estará globalizada por mucho tiempo, dada la estructura polarizada y excluyente que caracteriza a nuestra estructura social. En ese marco, la actividad informal y familiar persistirá por mucho tiempo, atendiendo un mercado local tan importante como el mercado formal del exterior. Para ellos, la competencia global carece de sentido, y la competitividad significa mas bien la búsqueda de mayor productividad para el mantenimiento de sus mercados locales.
Por lo anterior, sugerimos usar el concepto de competitividad local, que puede parecer un contrasentido, pero permite establecer políticas estatales orientadas hacia el apoyo de los sectores de la economía popular, para ayudarlos a producir mejor, y aprovechar ventajas competitivas que, como dice Benjamin Coriat, ellos ignoran poseer. Se trata simplemente de que puedan producir mejor y por lo tanto elevar sus condiciones de vida, lo que, en última instancia, debería ser el fin de todos estos discursos y teorías.
(Fragmentos del libro)
CEDURE
Fernando Prado, Susana Seleme, Evans Gandarilla
Edición impresa: Editorial El País, 176 páginas. 2003.
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