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Reflexiones sobre Santa Cruz y su relación con el País
Fernando Prado Salmon y equipo CEDURE
El lector encontrará en este libro escritos, investigaciones y opiniones del autor sobre temas que tienen como centro la peculiar formación social cruceña, analizada a través de dos variables básicas: cómo los cruceños construyen su ciudad capital y como se relacionan con la región y el Estado.
Los últimos cinco años de acontecimientos, escrutados a través de investigaciones hechas por el autor para distintas instituciones, dan una visión de las potencialidades pero también los errores que la dirigencia cruceña ha cometido en el proceso de transformaciones en el que todo el país se ha visto involucrado y en el que Santa Cruz ha perdido la oportunidad de convertirse en la región más avanzada del país.
Enormes retos se alzan en el proceso de construcción de una ciudad eficiente, saludable, sostenible y humana, en la que las personas sean el centro de todos los proyectos, los cuales deben concebirse en su componente de infraestructura física, al mismo tiempo que en sus componentes sociopolíticos y psicosociales.
Pero también son grandes los retos para construir un Departamento que asuma el liderazgo del país, no sobre la base de la imposición política de grupos privilegiados sino mostrando cómo los intereses populares cruceños son los mismos que los del resto del país, y por lo tanto es posible participar de manera protagónica y progresista en ese proceso de construcción.
Los trabajos que se publican tienen distinto origen, destinatario y fecha, pero todos buscan incidir en el pensamiento cruceño para lograr ese protagonismo.
El libro está disponible en las oficinas de CEDURE (costo: Bs 45) y en las principales librerías de la ciudad.
Fernando Prado Salmon, arquitecto y planificador urbano
Presenciar en la televisión verdaderas guerras urbanas con palos, piedras, heridos y vehículos destrozados por un conflicto de líneas de transporte, no es una cosa que podemos dejar pasar de largo, no solo por sus dramáticos efectos sino porque son síntoma de que el actual sistema de transporte publico, tal como funciona y está organizado, ya no solo es ineficiente sino que ha pasado a ser sembrador de inaudita y frecuente violencia urbana que golpea a todos, incluyendo a los pasajeros y los pasantes.
La guerra urbana que genera esta manera de prestar el servicio no es algo que se puede sustituir cambiando micros por trenes, aéreos o subterráneos; el problema esta en otra parte, esta en la manera como se ha organizado y como se presta el servicio, una sistema feudal, irracional y de protección de intereses oscuros que se escudan en las famosas “líneas” en guerra una con otra, que nadie sabe legal y económicamente que cosa significan ¿son de ámbito privado? ¿Son publicas? ¿cuanto valen? Porque? Hay muchas preguntas que no tienen respuesta. Una cosa es cierta: no corresponden a lo que uno puede imaginar como “servicio público”. Son la máxima expresión de los intereses particulares, en lucha entre si.
Y si no nos respondemos a esta preguntas sobre cómo y quién organiza el sistema de transporte, y nos proponemos cambiarlo, de nada servirá cambiar los destartalados micros por modernos trenes; igual veremos en el futuro vagones (subterráneos o aéreos) ardiendo en manos de grupos enardecidos que agarran todo a palos y piedras.
Mientras los transportistas no abandonen su servicio anárquico de líneas sueltas, una en competencia con otra, buscando su propio beneficio, a costa de los demás, y acepten la idea de trabajar como un sistema único, en el que se comparten los ingresos de todas las líneas, el problema no tendrá solución: los costos serán altos, las pugnas cada vez mas sangrientas y la ineficiencia será total.
Y es que la modernidad no es solo comprar tecnología, eso es lo que estudiosos llaman la “modernidad trunca”, una modernidad a medias, vistosa pero que no resuelve los problemas de fondo. Y los problemas de fondo del transporte público fueron estudiados y planteados en el proyecto del Sistema Integrado de Transporte, (SIT) generado en la Oficialia de Planificación del gobierno municipal, pero que la gestión no se animo a avalar ni a llevar adelante. Es que los transportistas son un gremio muy fuerte, que lo corre a cualquiera.
De esa manera, desechando prácticamente el estudio, para no hacer olas, el gobierno municipal se quedó sin un plan y sin una respuesta frente a un problema urbano de primera magnitud y que afecta a casi un millón de personas cada día.
Si hay honestidad de parte de los candidatos a la alcaldía, éstos deberían estudiar el proyecto y pronunciarse públicamente frente a este tema, haciendo saber a los votantes si seguirán de cómplices del atropello cotidiano a los vecinos, manteniendo a las líneas y sus caciques o si por el contrario asumirán frente a la colectividad la responsabilidad de ofrecer un moderno sistema integrado de transporte público, moderno no solo porque vuele o vaya bajo tierra, sino porque responde a modernas y eficientes formas de prestar el servicio, organizando una verdadera empresa de Transporte público, fiscalizada por el Gobierno Municipal.
La salvajada de pelear “por las líneas” debe pasar rápidamente a la historia como un período negro de la historia de nuestra ciudad.
Fernando Prado Salmon
Todos estamos de acuerdo en que las bajas densidades urbanas son un enorme costo económico, social y humano para la ciudad, pero lo que no está claro es qué entendemos por ‘baja’, qué tipo de medidas proponemos y cuáles son en cada caso sus consecuencias para la ciudad y los ciudadanos.
Comencemos diciendo que las bajas densidades globales no lo son tanto por lo poco que el Código de Urbanismo permite construir, pues en cualquier caso, el lote mínimo es de 150 mts y se puede construir hasta en tres plantas en calles secundarias y sin límites de altura sobre las avenidas.
Según nuestra experiencia, las densidades bajas se deben sobre todo a los enormes bolsones de tierra sin edificar que van quedando, y que constituyen lo que se ha llamado “lotes de engorde” es decir tierras que los propietarios no usan, esperando mejores precios.
Ese aumento lo producen el municipio, las cooperativas y la comunidad, pero quien cosecha esa plusvalía no es el Estado ni los vecinos, sino quien se guardó las tierras esperando mejores precios. El problema es que en ese intervalo, esas tierras sin uso bajan las densidades globales y encarecen los servicios, beneficiando sólo a los dueños. Ese es el factor básico que crea las bajas densidades urbanas.
Esta situación no es ilegal, ni es un pecado. El sistema, al no haber creado mecanismos de control, en realidad lo permite y hasta lo promueve. Por eso la ley urbanística que se ha tratado de aprobar para corregir esta situación nunca ha prosperado en el Parlamento. El ‘lobby’ de los grandes propietarios es muy fuerte, como en todas partes.
Por otra parte, las inmobiliarias y algunos arquitectos, no tienen esa visión urbanística global, sino que se van al tema referido exclusivamente al lote, usando el tema de las bajas densidades en realidad para exigir el aumento de la densidad del lote, y no de la ciudad, cosa que no es lo mismo.
El aumento de los índices de aprovechamiento del lote que se pide (I/A, es decir cantidad de metros edificados por cada m2 de terreno) es un arma de doble filo: produce congestión en pocos puntos privilegiados de la ciudad, produciendo su rápido colapso, lo que mata la gallina de los huevos de oro, y quita recursos que podían haber ‘repartido’ la inversión en una mayor superficie urbana, aumentando las densidades.
Pero un aumento exagerado de los I/A produce algo mucho peor, que nuestros inversionistas en edificios no conocen: produce de inmediato un aumento exorbitante en el precio de la tierra. Y con los aumentos de los I/A se incrementan los precios de la tierra, favoreciendo a la renta (especulación) y perjudicando a la industria de la construcción, que paga más por la tierra. ¿Les parece un buen negocio para la ciudad?
Estas reflexiones tienen como conclusión que si queremos realmente combatir las bajas densidades, el camino no es aumentar la densidad de los terrenos individuales, sino la densidad urbana, combatiendo los lotes de engorde y los bolsones baldíos, pues ésos son los factores que además generan esa ciudad fragmentada y dispersa que todos criticamos, pero cuyas causas no queremos ver.
El gobierno municipal debería dar prioridad a estos temas, tal como están planteados en el Plot. Las obras físicas son fundamentales, pero dependen de temas estructurales como éste, que debería también merecer la atención de quienes conducen la ciudad.
Fernando Prado Salmon
Si ustedes observan una ciudad, al vivo, en cine o en foto, inmediatamente pueden decir si pertenece a un país del Primer Mundo o a uno subdesarrollado, pero no lo decidirán basados en los edificios, porque hay también rascacielos lujosos en el Tercer Mundo, ni por los vehículos, pues, como todos saben, por nuestras calles circulan motorizados de cien mil dólares como si nada. Lo que les permitirá decidir si es una ciudad de país subdesarrollado será la presencia del ‘desorden’, que se expresa en el tráfico desordenado sin señalización, el comercio ambulante, publicidad por doquier, descuido en la vegetación y uso abusivo y precario del espacio público.
Entonces, estamos de acuerdo en que el desorden es el mejor indicador de subdesarrollo, pero, ¿por qué existe éste? Sin duda, el origen del desorden es la incapacidad del sistema de ‘acomodar’ a todos los ciudadanos en un espacio y una sociedad que no los ha tomado en cuenta. Quienes pertenecen a esa ‘economía informal’, que es justamente el ‘sálvese quien pueda’, generando su propio empleo, pues la sociedad no le dará esa oportunidad, entran en conflicto con las normas que deberían velar por la equidad y el bien común.
En consecuencia, el desorden es ante todo ausencia de una autoridad legítima, que tomando en cuenta el interés de todos y frenando la inequidad, la ley del más fuerte y el atropello a los derechos colectivos, imponga el bien común. Esto implica que las leyes y normas, para que sean respetadas, deben estar concebidas considerando la realidad social y económica del país.
Por tanto, los deseos de orden que, por ejemplo, manifiesta EL DEBER en sus editoriales, no son sólo una necesidad estética o una nostalgia, son una necesidad ‘ética’ por querer una ciudad en la que los derechos de todos se respeten y no se acepte el atropello de los más débiles o de los espacios comunes. Es también lo que impulsa a iniciativas como la de los Barrios Pintudos o los programas de formación y cultura ciudadana del Cedure.
Definido el carácter inequitativo del desorden, nos queda por aclarar que eso no implica que todo orden es equitativo. El orden impuesto de manera autoritaria es un orden injusto y excluyente, pero no hay peligro, ya que ese orden autoritario no es lo que prima en nuestras ciudades, aunque muchos lo quisieran. Lo que prima es el desorden egoísta y que encubre intereses de todo tipo.
Pero entonces, ¿qué hacer? Es innegable que en nuestras ciudades hay una vitalidad, una fuerza, una energía humana, una vida que irrumpe por todos lados, que es imposible ignorar y que hasta ahora no se ha podido o sabido canalizar para que dé sus frutos positivos en la construcción de una nueva ciudad. Frente a esa realidad humana, económica y demográfica no canalizada, las respuestas y las soluciones, si se quiere que haya un orden democrático y equitativo, deben ser propuestas por la autoridad, con normas realistas incluyentes y no de exclusión y consolidación de privilegios.
Pensamos que nuestras élites y nuestra sociedad en general, y sobre todo nuestras autoridades y ciudadanos locales, todavía no han asimilado la enorme tarea que tenemos todos de construir esta nueva sociedad y nos hemos quedado anclados en una visión elitista y para pocos. Enfrentar esa tarea de construir una ciudad para todos es la única manera democrática de combatir el desorden en el que se incrustan y en el que se alimentan mafias, intereses corporativos y abusivos de la peor calaña, a vista y paciencia de los ciudadanos honestos.
Fernando Prado Salmon
Un interesante reportaje de EL DEBER documenta cómo las mujeres cruceñas más bellas (modelos, misses, etc.) prefieren casarse con extranjeros y da una larga lista de argumentos que demuestra la aseveración. Muchos habíamos ya observado este fenómeno, que parece tener magnitudes de epidemia y debe preocupar a nuestros ‘machos’.
Nuestras bellas se casan con extranjeros, dicen (y ellas pueden escoger), porque éstos no son machistas, como los cruceños; porque son respetuosos, y no consideran a la mujer “como una propiedad” (textual). Además, son más educados y compañeros, y respetan sus ideas. Sin quererlo, nuestras bellas han hecho una radiografía feroz de nuestra sociedad y han puesto el dedo en la llaga.
Pocos días antes, una encuesta muy seria publicada el Día de la Mujer recogía la información de que lo que más deseaba y menos recibía la mujer de su pareja era respeto. Y por la falta de ese respeto declaran que en realidad no existe el concepto de pareja. La pareja aparece en el cuarto lugar, después de los hijos, la familia y los amigos.
Todo esto nos está mostrando que la mujer cruceña ha evolucionado y se ha modernizado más que el hombre, que ha quedado con sus tradicionales características de macho: prepotente, salidor, intolerante y dueño de la mujer, a la que no se le reconocen sus aptitudes intelectuales.
Pero es ese mismo ‘camba macho’ el que a las nueve de la mañana va a su trabajo en modernas oficinas equipadas de acuerdo con la última tecnología y allí toma decisiones como actor de la ‘locomotora del país’. ¿Cómo entender este desfase?
Y vamos a donde quería llegar: ese hombre pseudomoderno en realidad es social y políticamente conservador, y está repitiendo un modelo y un rol de hace 30 ó 40 años. Es muy moderno en sus capacidades económicas y tecnológicas, pero sus concepciones sobre la mujer y la pareja, como sus concepciones sociales y políticas, han quedado ancladas en el pasado.
Este cruceño moderno y exitoso vive una situación esquizofrénica: por un lado, se alinea con la ‘sociedad abierta’ que plantea Karl Popper, promoviendo las libertades individuales, la acumulación de capital, el mercado y la innovación, pero, por el otro, sigue viviendo y promoviendo la ‘sociedad cerrada’ (siempre de Popper), que vive de símbolos, mitos, prejuicios y subjetividades.
Podemos decir que el conflicto político ha perjudicado y está retrasando el proceso de maduración social y política de la sociedad cruceña, que estaba cubriendo rápidamente la brecha existente entre su base económica y su superestructura cultural y política.
En este contexto, y ante estas falencias, no basta envolverse en la noble bandera de la autonomía para cubrir este ‘agujero negro’ de la formación social cruceña. Es impostergable definir mejor qué tipo de sociedad y qué visión de futuro ofrecemos para cuando haya autonomía, pues, como dice J.L. Coraggio, “la que nos prospectan los representantes del capitalismo periférico latinoamericano, que arrasa la fertilidad de los suelos, el agua y los balances climáticos, y se extiende a formas cada vez más perversas de explotación de los seres humanos y la naturaleza, no tiene capacidad para integrar por sí sola sociedades justas.”
Nos queda entonces mucho por hacer, porque lo mostrado hasta ahora para el futuro no alcanza para ilusionar y convencer sobre la llegada de una ‘nueva sociedad’.
Fernando Prado Salmon
Esta vez parece que quienes han tenido las voces embargadas frente a la catástrofe ecológica de la humareda que duró un mes han sido las principales autoridades del departamento. No hemos escuchado vehementes protestas contra el humo ni del prefecto ni del presidente del Comité Cívico ni de la CAO. Sólo un tímido spot prefectural que pide, a quienes ‘tienen’ que quemar, que por favor lo hagan con cuidado.
Es importante dejar bien sentado que, de acuerdo con especialistas y conocedores del tema que nos merecen fe, quienes utilizan el fuego de manera masiva y extensiva para cientos y hasta miles de hectáreas son, en primer lugar, los cañeros y los ganaderos (seguidos muy atrás por los chaqueos de pequeñas parcelas de subsistencia), por lo que ellos son los principales responsables, y eso explica el silencio de nuestras autoridades, que vienen de esas actividades y deben su poder básicamente a ellos.
Lo importante de este conflicto es que nos está mostrando que, a pesar de los buenos deseos de que nuestra clase dirigente regional nos represente, y que nuestros intereses coincidan con los de ellos, en la realidad estamos verificando la existencia de una profunda contradicción entre los intereses de los productores agrícolas, que usan el fuego, por una parte, y la población cruceña, que se intoxica, por la otra. Así, se pide a dos millones de ciudadanos que para no perjudicar la actividad económica soporten la agresión brutal a su salud, con la exposición a humo tóxico durante el 25% del año y con concentraciones de hasta 250 partículas en suspensión por unidad de volumen, muy por encima de las 60 que se considera el límite tolerable.
Es verdad que la unidad de los cruceños es esencial para proseguir con nuestro progreso, pero nos parece que la enorme gravedad de este tema está poniendo a prueba no sólo nuestra unidad como pueblo, sino también a nuestra clase dirigente, básicamente agropecuaria, frente a una encrucijada. Estaremos a la expectativa para ver si ésta tiene la capacidad de ponerse límites, sacrificando parcialmente sus ganancias para tomar en cuenta la salud de la gente a la que dice representar, o si, por el contrario, cerrada en sus ansias de ganancia, hará caso omiso de los dramáticos efectos de su modelo productivo sobre la salud de la población y persistirá en sus prácticas, cuyos efectos, a estas alturas, pasarán ya a convertirse en una verdadera catástrofe humana y ambiental.
La decisión es una decisión política que tendrá grandes repercusiones y será determinante para que la dirigencia cruceña pueda mantener su legitimidad y vigencia.
Pero no sólo nuestra clase dirigente está involucrada; la actitud negligente del Gobierno central ha sido evidente: ¿por qué han tardado un mes para pedir aviones cisterna a los países vecinos? ¿Y por qué no se declara la emergencia y la zona de desastre? Una vez más, un tema importante para los ciudadanos, como éste de los incendios masivos, se convierte en pulseta política entre Gobierno y Prefectura, y quienes pagan las consecuencias, como siempre, somos los ciudadanos que sólo queremos gobernantes serios, sensibles y responsables, aquí y en La Paz.
Fernando Prado Salmon
Para que existan consensos, es urgente la necesidad de compartir una visión de país construida sobre ‘ideas fuerza’ que la población perciba como parte de un gran proyecto colectivo.
Estamos convencidos de que este proyecto colectivo nacional no puede ni debe construirse sólo a partir de las grandes variables socioeconómicas nacionales. Sin incorporar el tema regional, así como se está incorporando el tema indígena o el tema social (los tres temas nacionales no resueltos, según Isaac Sandoval), se está dejando fuera del nuevo proyecto uno de los temas nacionales no resueltos, el de las regiones, sin el cual no es posible pensar en la construcción del nuevo Estado.
Santa Cruz, no obstante sus seculares conflictos con el poder central, por el peso y la responsabilidad que siente sobre sus hombros y que se deriva de su vigoroso proceso demográfico y productivo, está dispuesto a aportar a esa nueva visión de país. ¿Qué podemos aportar?
1) Una nueva visión de desarrollo, con fuerte énfasis en la actividad productiva, una ética y una filosofía de la producción, tan necesaria en países como el nuestro, en los que la colonia y la neocolonia han destruido la base económica tradicional, eliminando la capacidad autónoma de producir para beneficio de nosotros mismos. Esta capacidad y esta visión están vivas en nuestro oriente, y atrae a los bolivianos de todas las latitudes.
2) Un vigoroso proceso de formación de ciudadanía, con los valores que vienen de los procesos de la modernidad hoy aceptados universalmente y que ha permitido que Santa Cruz aporte al país con una clase media urbana que desarrolla y defiende esos valores, y que se reflejan en un valioso aporte no sólo a la economía, sino también a la cultura, el arte y, en general, al desarrollo de las capacidades creativas de sus recursos humanos.
3) Santa Cruz puede aportar experiencias concretas de convivencia, de integración y de multiculturalidad, gracias al masivo proceso migratorio y a la consecuente apertura al mundo. Ésta es una región que en los hechos está enseñando cómo se convive y se construye país.
4) Si bien nuestra región ha cometido graves errores en el manejo de los recursos naturales, que podían significar la destrucción de nuestra base económica, gracias a planes como el PLUS, la experiencia de la Superintendencia Forestal y el manejo de áreas protegidas, entre otros, estamos aprendiendo el significado del desarrollo sostenible, y éstas son experiencias válidas para todo el país.
5) Por herencia histórica, la nuestra es una sociedad poco estratificada y sin apellidos tradicionales. Al tratarse de una sociedad abierta y con escasas formas de discriminación, las posibilidades de la inclusión social son reales y no sólo discursivas. Santa Cruz puede ofrecer un modelo social con marcados rasgos de movilidad social, mucho más fuerte que en el resto del país.
De este rápido listado, se deduce que Santa Cruz tiene un aporte fundamental para nuevo país que se quiere construir, y lo puede hacer a partir de su capacidad organizativa, su nivel técnico alcanzado, su estructura social permeable y su experiencia única de integración y convivencia de culturas que se cooperan entre sí. Nuestra región es un elemento esencial de la nueva Bolivia. En nuestro próximo artículo comentaremos lo negativo de nuestra formación social.
Fernando Prado Salmon
Los últimos acontecimientos en Santa Cruz, que sin duda son históricos porque confirman la decisión de esta dinámica región de avanzar a su propio ritmo sin frenos burocráticos, presentan ‘sin embargo’ algunas facetas que nos deben hacer reflexionar y deben dejar importantes enseñanzas para el futuro. He aquí algunas, referidas primero a la visión desde La Paz, y luego desde Santa Cruz:
Con referencia a las visiones desde La Paz:
- No es evidente que la clase dirigente paceña y su estamento político acepten de buen grado las autonomías, cuando saben que con ella irremediablemente perderán el manejo de muchos recursos económicos.
- Es falso que los paros en Santa Cruz son sólo de cuatro gatos de la oligarquía; son multitudinarios. Lo que pasa es que la clase dominante cruceña es además clase dirigente, es decir, dirige, plasma, crea, moviliza y convence a los demás sectores sociales, que aceptan su visión y sus banderas, cosa que no sucede con la clase dominante andina, la cual ya no construye ideología ni cumple rol dinamizador alguno y parece que ese rol allá lo cubren los sectores populares. Mientras allá los movimientos de masas son dirigidos por líderes y estamentos populares, aquí lo son por su hábil clase dominante, y esa es una verdad que se debe conocer para no cometer los garrafales errores que cometen los gobernantes desde La Paz, que no le reconocen a la burguesía cruceña su capacidad de movilización.
- Es preocupante la incapacidad, incoherencia y falta de visión política del Gobierno, en especial del ministro Galindo. Alguien en broma decía que el ministro Galindo, parece pagado por el Comité para agudizar las contradicciones del Estado con la región.
- Es muy peligroso que algunos en el resto del país crean que aquí no pasará nada porque “los collas son mayoría”. No es así, porque los collas que llegan asumen rápidamente la identidad cruceña.
Con referencia a Santa Cruz:
- Los paros son totales, pero no podemos saber si por convicción o porque son obligatorios. El que sale de su casa con seguridad sufrirá pinchaduras en las llantas o pateaduras en las costillas, según su suerte. Son más o menos como las elecciones ‘obligatorias’, que por ello no son necesariamente indicador de apego a la democracia representativa. Nuestra sociedad tiene todavía algunos rasgos autoritarios hacia el ciudadano común, como el limitar de esa manera las libertades individuales.
- Es falso que el problema sea de carácter personal. “Es que Mesa no quiere a Santa Cruz”… esas son pequeñeces que encubren la complejidad del enfrentamiento, que es regional, político, social y económico. Quizá Mesa hasta nos ame… Pero no es ése el tema.
- Es preocupante que nuestras luchas cívicas estén recalcando los métodos de El Alto que tanto se han criticado: reclutar públicamente jóvenes para acciones discutibles y asaltar instituciones públicas, son actos que no encajan con la imagen que los cruceños tenemos de nosotros mismos y que pueden generar inestabilidad en el país.
- Hay dudas de que una institución colonial, como el Cabildo, de los siglos XVII y XVIII y pensada para poblaciones de no más de 5.000 habitantes que entraban todos en la plaza, pueda ser válido hoy para una ciudad de 1,3 millones de habitantes. ¿No hay otros mecanismos más modernos para estas coyunturas?
En síntesis, con luces y sombras parece obvio que le está tocando a las élites económicas cruceñas liderizar la concreción de la autonomía que efectivamente es ansiada por todos.
El desfase entre las fuerzas productivas cruceñas y el atraso de la superestructura política central que lo administra ha conducido a la región y al país a este duro enfrentamiento del que esperamos se pueda salir preservando la democracia y la institucionalidad.
El próximo capítulo será el ver cómo, una vez eliminado el centralismo estatal como enemigo común, esta clase dirigente logra manejar los futuros conflictos internos con los sectores populares y medios, que hoy por hoy hacen causa común con el proyecto autonómico.
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En desarrollo… Actualmente CEDURE prepara una investigación sobre hábitat en Santa Cruz de la Sierra.
Prepara el X Foro Urbano para la Planificación Estratégica de Santa Cruz de la Sierra.
Prepara una investigación sobre el perfil psicosocial de los cruceños.
(Ver también las actividades del Programa Permanente de Formación Ciudadana del CEDURE)
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